
Reducir las emisiones de carbono en las fábricas de semiconductores: por qué es sensato utilizar lámparas infrarrojas sin ozono
Si se quiere lograr la neutralidad en materia de carbono en una fábrica de semiconductores, es necesario analizar los factores que causan desperdicio de energía. Uno de los mayores responsables de ello es la forma en que se calientan los componentes.
La mayoría de las lámparas infrarrojas de onda corta tienden a emitir longitudes de onda inferiores a 200 nm. Esto convierte al oxígeno presente en el aire en ozono. En una sala limpia, el ozono es un problema grave; es un contaminante. Por lo tanto, se necesita mucha energía adicional para mantener funcionando los sistemas de ventilación y filtración, con el fin de eliminar el daño causado por estas lámparas.
Es un círculo vicioso de desperdicio de energía. Hemos encontrado una solución mejor.
El secreto está en el filtro.
Utilizamos envolturas de cuarzo especializadas y recubrimientos internos para bloquear esa radiación ultravioleta de vacío. Al impedir la emisión de esas longitudes de onda, las lámparas generan todo el calor necesario, sin crear ozono.
Es un cambio sencillo, pero sus efectos son enormes. Los sistemas de filtración de aire ya no tienen que trabajar tanto. Cuando el sistema de extracción deja de consumir tanta energía, la huella de carbono de la fábrica disminuye.
Calor rápido, sin inconvenientes.
No es necesario sacrificar la velocidad. Estas lámparas siguen generando el alto flujo de calor necesario para procesos como el horneado de los wafers. Además, están diseñadas para reemplazar fácilmente a las lámparas existentes, por lo que no es necesario reconstruir los hornos de curado.
Sin embargo, hay algo importante a tener en cuenta: hay que controlar la densidad de potencia. Estas lámparas concentran el calor rápidamente. Si el chasis no está diseñado para soportar ese aumento de temperatura, es posible que se dañen los componentes. Asegúrese de que los ventiladores estén diseñados para soportar la potencia de las lámparas antes de encenderlas.
Hacer que la tecnología “verde” sea realmente práctica.
Al utilizar tecnologías sin ozono, ya no es necesario preocuparse por el monitoreo constante del nivel de ozono ni por sistemas de ventilación especiales. Esto permite reducir el impacto ambiental de las fábricas y hace que todo funcione de manera más eficiente.
Obtener la certificación de “fábrica verde” suele implicar muchos trámites y pequeños ajustes. Pero esto es diferente: se trata de evitar el desperdicio desde su origen, en lugar de gastar energía en solucionar problemas que podrían evitarse.